Emi Winter
Del 4 de septiembre al 31 de octubre
A través de composiciones marcadamente eclécticas, la exposición de Emi Winter subvierte y entrelaza tres grandes géneros de la historia del arte: el paisaje, el bodegón y la abstracción geométrica.
La muestra confronta al espectador con distintas nociones del tiempo, explorando la urgencia de lo efímero a través de dos vías. Por un lado, siguiendo la tradición del bodegón, Winter coloca plátanos sobre una mesa en su taller para pintarlos en diferentes etapas de madurez. Esta naturaleza orgánica y perecedera le exige un
registro pictórico rápido y visceral. Winter mantiene un diálogo constante con influencias que van desde la pintura holandesa del siglo XVII hasta Rufino Tamayo y María Izquierdo. Por otro lado, la artista captura momentos fugaces en las reservas naturales de Nueva Jersey a través de un riguroso ejercicio de observación directa en estudios pequeños pintados in situ. Este trabajo rinde homenaje a figuras como el Dr. Atl y los impresionistas franceses.
Es en el confinamiento del taller donde esta experiencia transita hacia la síntesis espacial. En las obras de gran formato, la artista copia sus estudios de paisajes y los integra en complejas composiciones donde comparten un lienzo con los plátanos bajo una provocadora escala invertida. El bodegón cobra mayor protagonismo y tamaño mientras que los paisajes deshabitados se vuelven fondo y retícula.
Hace once años Winter se mudó de Oaxaca a Nueva Jersey donde comenzó a pintar paisajes. Winter afirma que la pintura es su forma de comprender y reflejar el mundo que vive:
“El estado de Nueva Jersey tiene una densidad de población muy alta pero también una variedad de ecosistemas protegidos. Decidí pintar en esas reservas naturales con la intención de conocer mi nuevo entorno. Registro bosque, mar, ríos y pantanos poniendo atención a los cambios de luz y color de cada estación.
Durante el verano casi no pinto afuera porque el clima es muy caluroso y húmedo. De allí viene el título de la exposición, pero se refiere también al flujo constante de productos provenientes de otras latitudes sin importar la época del año. Aunque la globalización reduce distancias y pone todo al alcance, es difícil ignorar las diferencias entre los lugares de origen de esta fruta y la tierra que la recibe y consume.”





